Fue un accidente de auto. Nada particularmente destacable, pero fatal sin duda. Dejaste a una esposa y dos hijos. Los paramédicos hicieron su mejor esfuerzo por traerte de vuelta, pero no había nada que hacer. Tu cuerpo estaba completamente destrozado, fue mejor así, créeme.
Y entonces me viste.
—¿Qué… qué ocurrió? —me preguntaste—, ¿dónde estoy?
—Moriste —te dije de una vez. No hay por qué andar con rodeos.
—Había un… un camión, y se estaba saliendo del camino…
—Un choque.
—¿Morí?
—Pero no te sientas mal por eso. Todos mueren.
Miraste alrededor. No había nada, sólo tú y yo.
Una Tarde, una pareja regresaba de un largo viaje cuando a lo lejos vieron a una mujer en medio de la calle haciendo señas de que se detuvieran. La mujer le dijo a su esposo que siguiera conduciendo porque podría ser muy peligroso, pero el hombre decidió pasar pero a una baja velocidad así no se quedaría con la duda de que había pasado. En cuanto se acercaron, notaron que la mujer tenía cortadas y moretones en su cara y en gran parte de sus brazos. Decidieron parar para ver si podrían ser de ayuda. La muer, herida, rogaba por ayuda, pues les conto que había tenido un accidente automovilístico y que su esposo y su hijo, un recién nacido seguían adentro del auto que estaba frente a un gran bache. Les dijo que su esposo ya estaba muerto pero que su hijo aún seguía con vida.
El hombre del auto decidió bajar e intentar rescatar al bebé y le dijo a la mujer del accidente que esperara con su esposa dentro del auto. Cuando llego al lugar noto que había 2 cuerpos en los asientos delanteros pero no le tomo importancia a eso y rápidamente sacó al bebé y salió corriendo a llevárselo a su madre. Cuando llegó, no veía a la madre junto a su esposa así que preguntó a su esposa a donde había ido. La esposa comentó que la mujer corrió detrás de él cuándo se fue al lugar del accidente. El hombre regresó al lugar del accidente a buscarla, notó que la pareja en el auto estaba evidentemente muerta, pero uno de ellos era claramente la mujer que suplicaba por ayuda.
Transitaba por la ruta que me llevaría a la de mis , a los cuáles no veía desde hacía un largo tiempo. Era la vez que iba por este camino y me pareció bueno, pues había pocos y podía ir ligero. El único inconveniente era que las estaciones de servicios estaban muy alejadas unas de otras, y un problema con el vehículo me significarían muchas horas de espera.
Parecía una tarde que iba a ser soleada, sin embargo y sin previo aviso, comenzó a llover y un gran viento se levantó. Era tan fuerte que lograba mover el auto hacia un costado; incluso hasta tenía miedo de que me hiciera chocar con otro vehículo que viniera del lado contrario. También hacía agitar las hojas de los árboles de tal manera que me mareaban y lograban desconcertarme.
Pasaron los minutos; la lluvia se hizo más fuerte y ya no podía ver los letreros que pasaban a los costados. El se me hacía cada vez más dificultoso e incluso el volante se me escapaba de las manos, como si el viento mismo condujera el auto hacia mi destino.
El caer de las gotas de lluvia sobre el auto era tan intenso que no me dejaban escuchar ni siquiera el motor, entonces encendí la radio. Oí en las noticias que los vientos superaban los ciento veinte kilómetros por hora y por esto, decidí disminuir la . Creía que yendo más lento no tendría ningún problema conduciendo, pero me equivoqué. De repente un golpe seco se sintió sobre el parabrisas y un alarido retumbó, pero fue acallado rápidamente por la lluvia. El miedo me invadió, pues había atropellado a alguien. Frené y detuve el motor. Me quedé inmóvil en el auto; me pareció que pasaron unos minutos y miré hacia el parabrisas: había sangre, pero ninguna marca de un golpe…
Una mañana cansados de la rutina unos amigos mi novia y yo planeamos un viaje para conocer un pequeño pueblo famoso por sus amplias zonas de exploración y relajación llamado “El Sendero Purificador” , así que pedimos informes nos registramos en su hotel y planeamos el viaje. Días después nos reunimos en mi casa en la madrugada (como habíamos acordado) para salir de viaje, asi que partimos. Al principio todo marchaba bien tomábamos turnos para manejar, parábamos en estaciones de servicio para comprar botanas, era demasiado agradable realmente me sentía bien, todo marchaba de acuerdo al plan…. no sabía que el viaje no terminaría de la misma forma Nos estábamos acercando a nuestro destino, era una zona boscosa muy fría y había un densa neblina pero nuestro ánimo no decayó, así que seguimos jugando bromas y planeando nuestras actividades estando ya dentro del hotel, seguimos el camino de neblina por horas, al principio pensábamos que íbamos en la dirección correcto pero al paso del tiempo nuestras preocupaciones empezaron a aumentar, intentamos tranquilizar a las mujeres que iban con nosotros, estaban desesperadas intentando llamar a casa pero sin éxito no había cobertura en esa zona, la gasolina estaba a punto de terminar así que decidimos parar en una pequeña comunidad rural que encontramos para cargar gasolina y esperar a que mejorara el clima.
Un matrimonio con su hijo pequeño viajaban de noche por una carretera prácticamente abandonada que servía de atajo para cruzar la montaña, sus continuas curvas, la estrechez de la calzada y la espesa niebla que cubría todo el trayecto hacía que aventurarse por ese camino al filo del abismo fuera realmente peligroso.
De improviso una mujer con la ropa ensangrentada se cruzó en la carretera obligando al padre de familia a frenar en seco, tras el susto el señor bajó del coche con la intención de ayudar a la mujer que muy alterada y llorando les explicó que había tenido un accidente y su coche había caído por el barranco.
La mujer le rogó que la ayudara ya que su bebé aún se encontraba en el vehículo atrapado entre unos hierros y ella era incapaz de sacarle de allí por si sola. La caída era de varias decenas de metros y aunque el coche había destruido parte de la vegetación, mientras rodaba montaña abajo, de no haberle avisado la mujer muy probablemente nadie hubiese encontrado al bebé nunca, mucho menos con esa niebla que impedía ver a mas de dos metros. El señor guiado por el llanto del niño consiguió llegar hasta el lugar del accidente.
Sandra siempre había sido una adolescente conflictiva, sus notas empeoraban cada vez más, discutía continuamente con sus padres y desobedecía sus instrucciones cada vez que se daban la vuelta. Sus progenitores estaban desesperados, no querían que la chica perdiera el curso y las habladurías sobre lo “fácil” que era con los chicos ya habían llegado a sus oídos. A sus ojos ella seguía siendo la misma niña a la que tenían que cambiar los pañales y vieron dar sus primeros pasos con un año de edad.
Pero lo cierto es que Sandra ya se consideraba a sí misma una mujer, con dieciséis años se creía lo suficientemente madura como para tomar sus propias decisiones y molestar a sus padres se había convertido en el más divertido de sus pasatiempos. Cuando salía de fiesta llegaba siempre un par de horas después del “toque de queda”, tenía cada vez peores compañías y el desfile de novios parecía no terminar nunca.
Pero el detonante definitivo fue cuando sus padres encontraron una prueba de embarazo en su cuarto de baño. Malo era que “la niña” se hubiese hecho mujer, pero más preocupante era que además lo hiciera sin protección. Los padres estaban destrozados, amaban tanto a su única hija que sin saberlo la habían consentido demasiado y se había convertido en una arpía, en una manipuladora a la que ni sus propias compañeras de instituto soportaban. Era la típica niña mimada que hacía siempre lo que quería y cuando quería. Por el contrario sus padres eran excelentes personas, queridos y respetados por todos sus conocidos, aunque se habían volcado en atenciones a una hija que nunca les devolvió el amor que la profesaban.