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martes, 12 de febrero de 2013

Polybius, el juego maldito (link para descargar)



Las leyenda de Polybius comenzo en los suburbios de la ciudad de Portland, en ciertas zonas de Oklahoma y, según ciertos testimonios, en el norte de California. Corría el año 1981, una época en que la industria de los videojuegos estaba en pañales y los salones llenos de arcades eran una sensación capaz de atraer a numerosos jugadores. Aquel era el escenario en que apareció el videojuego maldito de Polybius, supuestamente un mata marcianos algo abstracto en el que el jugador controlaba una nave que iba avanzando a través de niveles con apariencia tipo puzle. Pero el juego tenía una particularidad y era que la nave no se movía con el mando: en lugar de eso la pantalla rotaba en torno a la nave mientras un abanico de vivos colores, efectos lumínicos y sonidos sintetizados invadían los sentidos del jugador como nunca antes había ocurrido con otro videojuego. Todo sugería que la empresa fabricante, Sinneslöschen, escondía la clave de lo que ocurriría con los jugadores tras la traducción de su propio nombre, “pérdida de los sentidos”. Fue así que, lo que tuvo un brillante comienzo, acabó en el trágico final que convirtió al juego en leyenda.
Y es que al inicio fue todo un boom: los jugadores hacían enormes colas y no escatimaban a la hora de alimentar con su dinero a las máquinas tragamonedas de Polybius; el vicio abundaba y muchísimos jóvenes volvían una y otra vez a los salones de juego como si de una adicción tan poderosa como la droga se tratase. Pero había un problema y era que las máquinas tragamonedas de Polybius, lejos de tragarse solo las monedas de los jugadores, se estaban también tragando la cordura y la salud de aquellos pobres seres que inocentemente se deleitaban ante los delirantes juegos de luces y colores que Polybius mostraba…

miércoles, 6 de febrero de 2013

smile.jpg - smile.dog

No lo soporto mas, debo difundir la palabra palabras....El día que conocí a Mary E., un día de verano de 2007, realmente terminé hablando con una puerta; bueno, más que hablar con una puerta, escuché los sollozos y las plegarias que venían del otro lado de esa puerta. Hablé con Terence, el esposo de Mary durante 15 largos años. Mary aceptó verme porque a mi edad era imposible que trabajara para algún periódico y en realidad, yo no parecía otra cosa que un estudiante obsesionado con algunos temas, ocupado en su carrera y -si todo salía de acuerdo al plan- esperanzado en escribir algunas piezas de ficción, en algún momento; y eso era todo lo que yo era. 

Obtuve la dirección de su casa y acordé visitarlos en un fin de semana en el que yo estaría en Chicago visitando a una tía. Terence me recibió, Mary se había encerrado en su habitación. Acampamos junto a la puerta durante media hora. Terence intentó calmarla, convencerla de que saliera, pero fue inútil. Me entretuve tomando notas desde el banquillo en el que el marido me instaló. No quise dar la entrevista por perdida y traté de escuchar la discusión, captar algún dato. No logré entender mucho de lo que Mary dijo, estaba histérica y no paraba de repetir algunas cosas sobre sus pesadillas. 

Tras varios intentos, Terence tiró la toalla y se disculpó conmigo. Abandoné la casa un tanto desanimado, pero logré convencerme de que aquello no era para tanto, después de todo, esto era un pasatiempo y nada más. Además, si Mary nunca lograba salir de su cuarto, tenía que haber alguien más. Mary era la administradora de un pequeño foro electrónico de anuncios (un BBS), con base en Chicago, en 1992, cuando tropezó con smile.jpg y su vida cambió para siempre.