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sábado, 6 de julio de 2013

The Holder of the Bloom (El portador del florecimiento)-47

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hotel, motel, o lugar donde se puedas descansar; simplemente encuentra una cama que sea lo bastante cómoda para tu gusto. Entonces duerme y duerme por largo rato. Si logras soñar, estás destinado para esta tarea.

En tu sueño, verás un jardín de un magnífico diseño, frescas fuentes y flores raras camufladas por la niebla. Aquí podrás descansar y prepararte. Cuando estés listo, busca en el jardín por donde llegaste una mesa donde una bella mujer está sentada esperando por ti. Ella te invita a sentarte a su izquierda, a ella le gustas y tiene una tarea para ti. Sin palabras o gestos te pedirá encontrar una flor en su jardín. Tú estás en su reino, es mejor obedecer.
Mantendrá la descripción de la flor en secreto, te está probando después de todo. Si estás destinado a tu papel o si tu suerte continúa llegarás a dos árboles entrelazados cada uno produciendo una flor diferente. Elije con cuidado, pues si desagradas a tu anfitriona sería más conveniente aplastar tu cráneo contra las rocas que ver la cara de su descontento. Si eliges la flor correcta simplemente regresa a la mesa y dásela. Ella sonreirá y te besará en la mejilla, y dirá: “También fui buscador, en su tiempo; ten cuidado con tu destino”. A medida que se aleja

viernes, 5 de julio de 2013

The Holder of Mirror (El portador del Espejo)-46

En cualquier ciudad, en cualquier país del mundo, ve a cualquier institución de salud mental u hospital, y pregunta a la encargada por el “Portador del Espejo”. Te mirará de forma extraña, como si hubieras hablado en un idioma diferente. Pregunta de nuevo hasta que finalmente entienda y te llevará a lo profundo de la institución sin decir palabra.

Te llevará a una puerta de hierro normal, la desbloqueará y hará señas para que entres en el oscuro pasillo de más adelante. Ella se quedará atrás, sin pronunciar una palabra; no hará contacto visual contigo. Una vez que la puerta se cierra tras de ti el pasillo será iluminado por una luz etérea, para revelar que las paredes del pasillo están cubiertas de espejos. Los reflejos se extienden hasta el infinito a cada lado tuyo, pero ninguno de ellos muestra tu reflejo, sino el de aquellos que vinieron antes que ti. Cada uno muestra el reflejo de los que buscaron al Portador, de cómo murieron. Trata de no mirar como las bestias los devoran, trata de no mirar nada en absoluto, simplemente caminar en línea recta. Si te fijas, si miras, los animales en los reflejos vendrán por ti.
Si alguna vez la luz comienza a apagarse, y comienzas a perder tu camino en la oscuridad, cierra los ojos con fuerza y di con firmeza: “Los que buscas, se han ido antes”. Si todo se alumbra, tienes suerte, y las criaturas que te acechan se irán. Si se apaga todo, no huyas. No hay punto de fuga, ni en la oración por una muerte rápida.
Al final del pasillo increíblemente largo, se encuentra otra puerta, con una luz blanca brillante alrededor de sus bordes. Golpea la puerta, y se te permitirá entrar. De pie en el centro de la sala octogonal habrá una silueta en la penumbra de la cámara. No te prestará ninguna atención, hasta que le hagas la pregunta “¿Qué es lo que reflejan?” Cualquier otra pregunta, y

martes, 28 de mayo de 2013

The Holder of the Star (El portador de la estrella)-42


En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución de salud mental u hospital y, en la recepción por uno que se refiere a sí mismo como el “Portador de la Estrella”. El
empleado te mirará a los ojos con una mirada ufana de desprecio por varios segundos. Si no ve la voluntad de tu corazón reflejada en tus ojos, se reirá con arrogancia. Si lo hace, huye, o guardias te capturarán y encerrarán en una estrecha celda, donde oirás la risa del hombre en tus horas de conciencia y sueños durante el resto de tu vida. Si ve la voluntad en tus ojos, se levantará y te guiará por un pasillo. Se detendrá en la puerta de una celda entregándote la llave, y sin decir nada se alejará. Con la llave en mano, agarra la manija y gírala lentamente, no tiene seguro.
En lugar de una celda detrás de la puerta, hay una sala, con poca luz. Entra al corredor y pon seguro a la puerta tras tuyo. Al caminar por el pasillo, oirás la risa de niños jugando; esto mezclado con apasionantes cantos de monjes extranjeros. Rápidamente las risas se tornarán en gritos y los cantos en maldiciones. Mientras escuches estos sonidos estarás a salvo, pero si tu coraje se tambalea, y el menor temor surge en ti caminando por ese corredor, los sonidos se detendrán, y si esto sucede, cierra los ojos y reza para que la horrible criatura que acaba de despertar tome tu vida en su primer bocado. Si sobrevives a este corredor, deberás llegar a una pequeña puerta cerrada. Las luces disminuyen a tu alrededor hasta que todo lo que puedes ver es la puerta. Cuando todo esté oscuro, usa la llave que te dieron y abre la puerta. Entra y encontrarás una pequeña y oscura celda. Verás un hombre, encapuchado con una

domingo, 24 de marzo de 2013

La enfermera fantasma - La planchada


Cuentan que cierto día, una chica llamada Eulalia entró a formar parte del personal de enfermería en el hospital. Era una chica de buena presencia, con cabellos rubios, ojos claros y facciones finas, con una actitud amable y educada aunque revestida por un ligero aire de seriedad.
Desde sus primeros días en la institución médica, Eulalia demostró gran profesionalismo y diligencia,  mostrándose siempre solicita con el personal médico y con los pobres enfermos, hacia los cuales profesaba una dedicación que a veces iba más allá del mero deber. Por otra parte, Eulalia siempre estaba muy limpia y arreglada, con el uniforme blanco perfectamente planchado e impoluto, exento de la más mínima mancha o arruga.
Como era de esperarse, Eulalia se granjeó rápidamente el aprecio de los médicos, a la par que, gracias a su natural simpatía, logró verse libre de inspirar envidia en sus compañeras y compañeros de enfermería.
Por otra parte, la vida de Eulalia era realmente tranquila, sana y sencilla, ya que todo su tiempo se dividía entre las labores en el hospital y las atenciones hacia su pequeña pero estable y relativamente feliz familia, conformada por sus padres y sus dos hermanos menores, al menos en lo que respecta a su círculo más cercano. Por ello, los días habituales de Eulalia consistían en trabajar en el hospital, llegar a casa con una sonrisa, comer con todos, dormir un rato, despertar y pasar sus horas siguientes en tareas domésticas que compartía con su madre, en jugar con sus hermanos o en la lectura.
Sin embargo, un día todo cambió…