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jueves, 25 de abril de 2013

El martillo y los clavos


Nadia se levantaba todos los dias, puntual a las 8, para leer el periodico. La villa era tranquila y no pasaban muchas cosas por ahi. Pero Nadia ya llevaba algunos dias leyendo sobre extraños asesinatos rondando el lugarcito ese.
- ¡Hey Rob! Buenos días!
-¡Muy Buenos dias, vecina!
Robbie, o Rob para las amistades, era el vecino de enfrente, un tipo animoso y reservado.
- ¡Vas a tener que cuidarte del asesino, Nadia! – Le decia Rob entre sonrisas.
- Asi parece, jajaja…
Nadia entro y empezo a leer la noticia junto a una taza de café.

“Otras dos victimas han caido en las garras de ‘El Martillero’. Se tratan de una Madre y su Hija, las cuales fueron encontradas clavadas a sus camas en varias partes de su cuerpo. Se presume que las victimas murieron desangradas, no sin antes sufrir una agonica falla multiorganica, debido a las heridas producidas por los clavos…”
Nadia, horrorizada, cerro el periodico y se sento en el sofa.¿Como era posible que hubieran mentes tan perversas…?

lunes, 11 de marzo de 2013

Alguien bajo tu cama


La citada historia le sucedió a una niña de 9 años, hija única de padres de gran influencia en la política local; esta niña tenía todo lo que hubiese querido y deseado una niña normal, con buena educación, pero con una soledad incomparable. Sus padres solían salir a fiestas de caridad y reuniones del ámbito político, y la dejaban sola.
Todo cambió cuando le compraron un cachorro de raza grande para que cuidase a la niña cuando creciera, pasaron los años y la niña y el perro se volvieron inseparables. Una noche como cualquier otra los padres fueron a despedirse de la niña; el perro, ya acostumbrado a dormir con la niña, se tumbaba bajo de la cama.
Los padres se fueron y pronto la niña se sumió en un sueño profundo, aproximadamente  a las 2:30 de la madrugada, un fuerte ruido la despertó, eran como rasguños leves y luego más fuertes. Entonces, temerosa, bajó la mano para que el perro la lamiese (era como un código entre ella y el perro) al sentir su lengua en la mano se tranquilizó y durmió otra vez.