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viernes, 3 de mayo de 2013

Miedo

Estás solo, no tienes nada que temer, entonces: ¿De qué tienes miedo? Recorres toda la casa asomando la cabeza antes de doblar cada esquina del pasillo; te aseguras de que la puerta de entrada está bien cerrada, hace tiempo que ha oscurecido y has bajado las persianas, pero aún así haces un último esfuerzo y miras en todas las habitaciones. Todo en orden, no va a pasar nada…¿seguro?.
Como un ratón asustado, pasas como una exhalación delante del baño y crees haber visto algo tras la cortina de la ducha; te paras, cuentas hasta diez y te decides a entrar…tras ella, tu imaginación, en este momento tu y ella son los únicos que están la casa (al menos es lo que deseas, ¿verdad?). Cierras la puerta, eso te hace sentir a salvo, pero, ¿de qué?.
Te encaminas al salón e intentas concentrarte en el programa que ponen, por supuesto antes has encendido todas las luces, notas un viento frío en la nuca y mientras te giras lentamente, tu corazón se desboca, la garganta se seca y se te eriza todo el vello del cuerpo…una corriente nada más, o ¿acaso esperabas otra cosa?. Vuelves a mirar la televisión y…¿qué ha sido eso?, has oído algo caerse en la cocina?. Lástima, siempre es el lugar más alejado.
Te levantas, te pegas bien a la pared, caminas despacio, tan despacio que parece que tus pies sean de plomo y estiras el cuello como si esperaras que de un momento a otro alguien surgiera de la última esquina. Venga, ya falta poco, estás frente a la puerta, alargas tu mano temblorosa hasta tocar el interruptor de la luz… la sartén  está en el suelo, no tendrías que haberla dejado en el borde de la mesa.