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miércoles, 1 de mayo de 2013

No te duermas...


Tal vez algunos creerán que esto es simplemente una historia más de una mente perturbada que no tiene alguna otra cosa que hacer pero no es así.
Los sueños, ventanas a lo que realmente pensamos, a nuestros más profundos sentimientos pueden ser armas de doble filo.
Yo era un chico cualquiera, atraído por las emocionantes historias de terror que me hacían tener pesadillas en ocasiones pero nunca creí que alguno de ellos comenzara a suceder en la realidad.
Como muchos de los que leemos creepypastas desearíamos experimentar algo parecido a lo que nos imaginamos podría suceder, excepto yo desde aquella noche.
Después de haber leído más de 5 creepypastas en una noche estaba completamente asustado, mi cuerpo se erizaba con la más mínima brisa. Chateaba con una amiga que me decía que dejara de leer eso, tratando de convencerme para que dejara de asustarme porque cosas malas podrían suceder. Como todo incrédulo adolescente continué leyendo hasta que se hizo tarde, mi amiga se desconectó y yo me fui a la cama por orden de mis padres.

sábado, 16 de marzo de 2013

El metro del infierno


Cuenta la leyenda que dos atracadores fueron cercados por la Policía y, en su huída, tuvieron que abandonar su vehículo de fuga y adentrarse en una estación de metro. En su desesperada carrera, comenzó un tiroteo en los pasillos de la estación, en el cual un certero disparo de uno de los ladrones impactó directamente en la frente de uno de los policías, matándolo al instante.
En mitad de la confusión, y mientras el resto de agentes se parapetaban tras unas columnas, la pareja de delincuentes consiguió subirse a un tren mientras escuchaban a su espalda la detonación de más disparos de los policías. Pocos instantes después la máquina emprendió su marcha, escapando dentro de ella los ladrones.
Era de noche y el vagón estaba prácticamente vacío, sólo había dos personas más en el tren que acababan de abordar. Un mugriento mendigo encapuchado que parecía inconsciente por su borrachera, aunque no soltaba una bolsa de papel con la cual protegía una botella de licor. Y un hombre con aspecto de abogado que, perfectamente trajeado, dormía con la boca abierta y muy probablemente se habría pasado de estación hacía bastante tiempo. Los atracadores, al comprobar que no estaban en peligro, empezaron a reír su suerte y a trazar un plan de fuga:
“Probablemente en la puerta de la próxima estación nos esté esperando la mitad de la Policía de la ciudad; así que, en cuanto bajemos de este trasto, tenemos que meternos corriendo en el túnel. Dentro ya buscaremos cómo escondernos o escapar” –dijo el que parecía más inteligente de ambos; el otro, asintió mientras vigilaba al resto de pasajeros.