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viernes, 22 de febrero de 2013

La Picadura de la Araña-inspirado en hechos reales


Andrea y Juan disfrutaban de una maravillosa luna de miel en las paradisiacas playas de Vietnam. Estaban alojados en un complejo turístico de lo más exclusivo: con playas de arena blanca, aguas cristalinas y a pocos metros de la jungla. Era uno de los pocos lujos que se habían podido permitir al celebrar su boda pues en estos tiempos de crisis, más que nunca, había que tratar de ahorrar o los gastos de la boda se podían disparar. Pero los padres de ella habían insistido y asumido más de la mitad del precio del viaje, por lo que Juan y Andrea se aventuraron a cumplir su sueño de viajar a Asia y disfrutar de las que serían las mejores vacaciones de su vida.
Los días transcurrían a toda velocidad, como suele suceder siempre que uno se divierte, y no podían haber imaginado un destino mejor, vivían a cuerpo de rey sin tener que pagar nada. La “pulserita” que habían contratado con el pack de alojamiento les daba derecho a comer, beber y entrar en todos las discotecas totalmente gratis. Era un sueño hecho realidad del que dentro de poco tendrían que despertar para volver a su monótona rutina de trabajo en la ciudad.
Cuando quedaban sólo dos días para tener que regresar, se hicieron amigos de un guía local que les prometió llevarles a una cascada que pocos turistas llegaban a conocer. El viaje no era muy largo pero debían adentrarse en la jungla a pie, una caminata de unos veinte minutos cruzando la frondosa selva. La mañana siguiente salieron junto al guía que con un machete en la mano iba abriendo camino entre lianas, hojas del tamaño de un paraguas y la vegetación más exótica y espectacular que los recién casados habían visto nunca.
Pero no todo era idílico, los mosquitos eran realmente insistentes e incluso con el cuerpo “bañado” en repelente siempre había alguno lo suficientemente voraz como para atreverse a picarles. El guía les ofreció un ungüento local que a todas luces fue mucho más efectivo que el repelente que habían comprado en la farmacia, olía a rayos pero ni un solo insecto les molestó desde que lo usaron.