Una familia decide irse de vacaciones al pueblo durante unos días. Para no dejar sola a la abuela en la ciudad, le piden que les acompañe a pesar de su delicado estado de salud.
Días después, cuando están casi a punto de finalizar sus vacaciones, la abuela sufre un ataque cardíaco y fallece repentinamente mientras sus hijos juegan en casa de unos amigos. El padre de familia, e hijo de la fallecida, abrumado por la muerte de su madre entra en una especie de estado de shock y le cuesta razonar y pensar con claridad, por lo que acude a su esposa.
Se encuentran bastante alejados de la ciudad donde crecieron y del cementerio familiar donde su madre tiene reservada una lápida junto a su difunto marido desde hace años. El hombre bien sabe que las funerarias son muy caras y el traslado de un cadáver cuesta un ojo de la cara. Mucho más cuando requieren de vehículos especiales para acceder a la zona montañosa donde estaba el pueblo donde veraneaban. Tras deliberar cuál es la mejor opción y consultarlo con su mujer, deciden que lo mejor es que ellos mismos la lleven en su todoterreno hasta la ciudad y allí llamen a los servicios funerarios, de esta forma se ahorrarían los gastos de trasladar el cuerpo.


