En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación al que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide visitar aquel que se hace llamar “The Holder of the Future”. No lo sigas si el empleado te ofrece mostrarte el camino; él no es el verdadero guía. El verdadero guía vendrá silente y te dará un pedazo de papel en el que el camino delante está dibujado en líneas de sangre y fuego. Camina delante, concentrándote en la escritura. Si tu concentración no ondea, pasarás por un escritorio y un hombre para encontrarte con largo y desocupado pasillo. Puede que parezca opulento, lleno de color y promesas, pero las paredes están ahora manchadas y la alfombra negra y sucia.
Como avances por el pasillo imágenes golpearán en ventanas antes no vistas. Puede parecer que viste eso, en la esquina de tu ojo, que veas amigos muertos hace mucho llamarte, o amores perdidos volviéndose jóvenes y una vez más ofreciéndose a ti. Voces que parecen susurrar que las ventanas traen segundas oportunidades, oportunidades de hacer las cosas bien. Puedes escoger de nuevo, dicen ellos, pero no debes mirar más allá del papel en tus manos. Hacerlo es vislumbrar en su totalidad lo que te observa desde afuera, y hacerlo es ir más allá de la salvación.
Sigue a través de la larga, imposible longitud del pasillo. Algunos dicen que debes continuar caminando hasta que hayas visto cada uno de tus posibles futuros por las ventanas. Otras sugieren que mientras más cerca esté el momento de la unidad, más rápido se llegará al final del pasillo. Si el último está en lo correcto, todos cuanto entren podrían encontrar su camino mucha antes de hacer cuentas.
Sólo podrás despegar tu mirada del papel al final de ese corredor, e incluso entonces nunca debes mirar atrás. La puerta frente a ti lleva a un salón de baile que, al igual que el pasillo, ha caído de su elegante brillo a la inmundicia y el olvido. Ábrete paso entre la penumbra hasta que la puerta y toda oportunidad de escapar esté perdida tras de ti.


